martes, 3 de julio de 2012

Pussy Talk aka Le Sexe qui parle (1975) - Director: Claude Mulot

Crítica de El sexo que habla
Si el “porno chic” comenzó con “Garganta Profunda” (1970), sobre una boca con propiedades vaginales, los franceses hicieron lo propio con “Le Sexe Qui Parle” (El sexo que habla, 1975) sobre una vagina con virtudes bucales."
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Muchas excentricidades suelen ocurrir cuando la Censura se relaja. Por ejemplo, en Francia, a mediados de los 70´s, propiciada por un clima de distensión, floreció ante la luz pública, la pornografía. El género, todavía lejos del carácter funcional de nuestros días, emulaba aplicadamente las formas del largometraje. Un argumento, con meseta y resolución, debía dar fluidez a tanta excitación. Pero a veces la imaginación porno elegía caminos disparatados, sin embargo, los críticos sonreían ante su desfachatez que les parecía refrescante. Si Estados Unidos comenzó el “porno chic” con “Garganta Profunda” (1970), entusiasmando a las masas con una boca con propiedades vaginales, los franceses hicieron lo propio con “Le Sexe Qui Parle” (El sexo que habla, 1975) sobre una vagina con virtudes bucales, es decir, con un irritante don de la palabra (y, presumiblemente, con una profunda dentadura). Ya que tiene labios que hable, pero que no pronuncie discursos. La vagina parlante es insultante, impositiva, egoísta y le importa un pito el refinamiento. El porno, un acto de malcriadez.

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“El sexo que habla” pertenece a Joelle, una mujer parisina treintañera y preciosa, que repentinamente se siente impulsada a seguir a una muchacha en la calle, dar una sorpresiva felación a un compañero de trabajo e incluso masturbarse en medio de una reunión. Su esposo Eric enfurece al ver a su mujer tocarse frente a sus colegas y de vuelta a casa discute con ella. Pero la última palabra la tendrá la vagina de Joelle que rompe su silencio para insultar al marido. “Todas hablamos pero no tenemos necesidad de hacerlo hasta que nos encontramos a un imbécil como tú”, replica como toda explicación. Resulta que el deficiente desempeño de Eric es tan insatisfactorio para la Vagina que esta ha decidido tomar el poder y arrastrar a Joelle hacia los comportamientos más hedonistas. Eric contactará a una amiga psiconalista para pedir su opinión del fenómeno. Pero la Vagina abrirá sus velludos labios no para revelar un trauma sexual, sino para dar una orden: “aquí vamos a divertirnos los cuatro”. La psicoanalista y Eric son incitados a tener sexo para el disfrute de aquella vulva que es acariciada por su propietaria.
Como pueden apreciar y como suele ocurrir en las ficciones pornográficas, estamos es un mundo absolutamente irreal. Luego de la faena, la psicoanalista da una conferencia de prensa donde revela la existencia de aquel aparato genital parlanchín. Presumiblemente se trata de una extraña enfermedad moderna. Los medios entran en frenesí. Un periodista saldrá dispuesto a todo para conseguir una entrevista exclusiva con la Vagina. Eric y Joelle no tendrán mas escapatoria que huir de la ciudad, pero a todo momento el sexo de Joelle no dejará de desproticar contra el pobre Eric y darse satisfacción forzando a Joelle a tener experiencias furtivas en un cine porno, para variar. Una noche, mientras Joelle duerme, Eric y la Vagina conversan en un intento de entendimiento. Ella le cuenta el pasado sexual de su esposa. Tras ser acosada sexualmente por su padrastro, en la pubertad, en lugar de un trauma desarrolla un interés audaz por el sexo. Primero desvirgada por la nariz de un muñeco de Pinocho (bajo el gemido de “Miénteme”), continuará su aprendizaje con un maestro de escuela y hasta con un cura confesor. “La pasábamos tan bien antes. Todo cambió cuando te conocimos, cabrón”, dice la Vagina con amargura. Siendo imposible la concilación, Eric intenta estrangular a la Vagina introduciendo su propio pene. Nunca en el cine tuvo la “batalla de los sexos” un sentido tan literal. No revelaré el final pero adelanto que es curioso por su ambiguedad. Tal vez la Vagina fue vencida o tal vez recurrió a ocultos dientes para expulsar al miembro no bienvenido.

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¿Por qué una película como “El Sexo que habla” despuntó entre sus congéneres? En primer lugar, eran los 70´s y, por otra parte, porque reúne magníficamente los encantos del “porno chic”. Frase inventada por un crítico para definir la popularidad masiva que encontraron algunas películas pornográficas por esa época, ya sea debido al escándalo, a las protagonistas, a las disparatadas tramas o simplemente por moda. La idea del “El sexo que habla” era perfecta para lograr una excelente difusión a través del “boca a boca”, en conversaciones de bar, en secundarias de varones, cuarteles, gimnasios, talleres mecánicos, etc. En cualquier lugar donde se congrege la tetosterona podía salir la buena nueva: “¿sabes que hay una película sobre una vagina que habla?”. La película aprovecha habilmente el imaginario de su época: la liberación femenina, el psicoanálisis, la represión burguesa y, por supuesto, la reinvindicación del placer sexual. Pero estamos hablando de porno, donde la seriedad no cabe en ningún agujero. Todos estos temas son filtrados por la sátira. No es una película feminista, no es antecesora de la militante “Monólogos de la vagina”, es más bien una parodia, un pretexto para explotar un estereotipo clásico del cine erótico: la mujer liberal, la descarriada, la que obecede ciegamente a sus bajas pasiones. Más que un film psicológico es un delirio fantástico. Como vimos, el científico termina siendo sometido por su objeto de estudio. La “vagina habladora” trasciende cualquier simbología para ser presentada simplemente como un órgano pensante y sublevado.
“El Sexo que habla” fue escrita y dirigida por Claude Mulot, bajo el seudónimo de Frédéric Lansac, un director no muy recordado hoy pero que dio a Francia varios films pornográficos. Además de tener un guión con diálogos y fantasías ingeniosas, esta película también destaca por tener un trabajo visual ciudado. Recordemos que en aquel tiempo incluso el porno debía rodarse en 35 mm, lo que ya de por sí exigía cierta atención. Sumado a esto tenemos la recreación eficiente de antros libidinosos, alcobas a media luz y sueños masturbatorios. Pero lo mejor de todo es el encantador “punto de vista vaginal”. El mundo visto a través del “ojo” vertical de una vulva. ¿Qué más se puede pedir?

Solo me resta protestar, no contra algún aspecto de la película, sino contra sus fraudulentos doblistas españoles. En la versión hispana encontramos el imperdonable error de dar a la Vagina una voz de hombre (y encima con la labia de un parroquiano de taberna). Mi amigo Cristiam imaginó una explicación para este sabotaje: ¿Será que en la pacata España de aquellos años era preferible atenuar cualquier lectura subversiva y reducir la película a una extravagancia cómica?


En la primavera de 1975 se legalizó finalmente el porno en Francia. La nueva situación llevó a la potente industria soft gavacha (recuerden “Emmanuelle”, “Madame Claude”…) a reconvertirse a la mayor brevedad.

En aquel río revuelto apareció Claude Mulot, resuelto joven de 30 años que vivió con desenfreno el mayo del 68. Mulot propuso al productor soft Francis Leroi, la filmación de una comedia conceptual en la que los muros de la hipocresía social fuesen derribados por la brutal franqueza de un utópico sexo parlante.

¿Qué cuenta? (cuando no gimen): Joelle, joven publicista felizmente casada, descubre un día que su vagina posee la facultad de hablar. Al principio, el sexo parlanchín limita sus observaciones al ámbito privado, señalando la insatisfacción sexual que padece, pese a que Joelle afirma lo contrario. Sin embargo, un día la vagina indiscreta decide comenzar a hablar en público, lo que provoca graves problemas a su propietaria y el inmediato interés de los medios de comunicación. Eric, el marido, terminará por descubrir, gracias a las frecuentes indiscrepciones del locuaz sexo parlante, que tras la cándida inocencia de Joelle se oculta una mujer con un turbulento pasado sexual.

Además de la inenarrable escena en la que la vagina es entrevistada en directo por un reportero televisivo, aquella sátira sobre el matrimonio pasó a la historia como la única película exhibida en cines comerciales (lo que la convirtió en un gran éxito de taquilla) antes de que las autoridades francesas decidiesen cambiar la legislación, relegando las cintas clasificadas X a salas especializadas.


Fue la primera película hardcore puesta en circulación en Francia e incluso fue exportada a los EEUU bajo el título de “Pussy Talk”. Actualmente está considerada como una película de culto.

En ella, Joëlle (Pénélope Lamour), es poseída por su propia vagina, quien no solo habla si que la somete sexualmente a su antojo.
He dado con la película completa que a continuación podrás ver si quieres. La he estado ojeando por encima y tiene momentos bastante morbosos. En concreto la escena de ayer se produce en el minuto 13:30 y podrás comprobar como lo de Hitler ha sido añadido para darle un toque mucho más cómico.


El discreto encanto francés

En 1975, el cine porno se legalizó en Francia. El país que había actuado como motor de las producciones clandestinas durante la primera mitad del siglo acogió con entusiasmo el cine X y surgieron los primeros realizadores.

El 23 de abril de 1975 se estrenó en París A history of the blue movie, la recopilación de stag films que había realizado Alex de Renzy cuatro años antes. Entrenado por el irresistible avance del cine sexy de los años anteriores, el público galo acudió en tropel a las salas de exhibición para poder gozar, por primera vez, de una película X.

La Administración francesa había autorizado la exhibición de películas pornográficas como paso previo al desarrollo de una legislación que la regulara. Los propietarios de los cines comenzaron a programar los filmes que habían causado furor en Estados Unidos unos años antes y la respuesta de los espectadores fue devastadora. En los diez meses en que el cine X pudo aprovecharse de ese vacío legal (en febrero de 1976 entró en vigor el decreto que creó las salas X), más de 30 películas superaron los 100.000 espectadores.

Animados por la fiebre consumidora de sus compatriotas, los directores que procedían del cine sexy se lanzaron de cabeza a la realización de pornos. Exhibition, de Jean-François Davy, tuvo el honor de ser el primer porno francés estrenado en las salas comerciales. Era un falso documental sobre la vida de Claudine Beccarie, actriz especializada en películas soft. El retrato interior de uno de los mitos eróticos galos de la época cautivó a los aficionados hasta el punto de que se calcula que un millón de espectadores pasaron por taquilla para ver la película.

La producción en aquel año de gloria fue ingente. Davy rodó Les pornocrates, una aproximación al mundo de los actores porno, y Prostitution, un filme de corte documental sobre el fenómeno de la prostitución en Francia. Claude Mulot, un joven de 30 años que había hecho sus pinitos en producciones soft, debutó en el porno con El sexo que habla, el estrafalario retrato de una mujer con una vagina parlante, y escribió el guión de Mes nuits avec Alice, Pénélope, Arnold, Maude et Richard, dirigida por Michel Barny.

La explosión del cine porno en Francia tuvo como consecuencia inmediata la celebración, en agosto de ese año, del Primer Festival Internacional de Cine Porno de París. El certamen otorgó el título de mejor película del año a El sexo que habla, por delante de filmes como Sensations, de Alberto Ferro, y Screw on screen, de Jim Buckley. Desgraciadamente, la iniciativa de crear un festival erótico en la ciudad de la luz no tuvo continuidad.

Por su parte, algunos directores veteranos del sexy de los 60 aprovecharon también la coyuntura para introducirse en el emergente hard francés. El más destacado fue José Bénazéraf, excéntrico realizador de la década anterior que había conjuntado erotismo con thriller en algunas películas de éxito.

Las secuencias de sexo real que, por imperativos legales, no pudo incluir en esas películas las reunió en Anthologies José Bénazéraf, una recopilación que se convertiría en uno de los mayores bombazos de taquilla del año. El mismo camino anduvieron otros ilustres veteranos del sexo, como Max Pécas (Las mil y una perversiones de Felicia) y Patrick Aubin. 

ENLACES/FUENTES:
http://geekshallinheritearth.blogspot.com.ar/2012/06/retro-review-le-sexe-qui-parle-aka.html
http://incrediblystrangebooks.blogspot.com.ar/2008/10/mangogul.html
http://www.alrincon.com/tag/pussy_talk/
http://www.forodvdmania.com.ar/phpBB3/viewtopic.php?p=277637
http://www.lovelockandload.net/blog/wordpress/?p=41
http://www.muchocine.net/criticas/6904/El-sexo-que-habla
http://www.muchocine.net/especiales/especial.php/12/Cine-Er%C3%B3tico
http://www.vintage-erotica-forum.com/t2483-pussy-talk-aka-le-sexe-qui-parle-1975.html

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